Decimos que es breve, en principio, en tanto se opone a otros abordajes de tiempo ilimitado y en consideración de que nuestro promedio de tratamiento oscila entre algunas sesiones y seis meses de tratamiento. El tiempo real de psicoterapia depende de los motivos de consulta y se establece ya en la primer sesión, una vez evaluada la conflictiva de consulta.
En el marco de las psicoterapias breves, que hay muchas, se encuentra la terapia cognitivo conductual, que ha demostrado altísimos indicadores eficacia para la mayoría de los motivos de consulta.
Breve no es sinónimo de superficial, puesto que las soluciones son de fondo sencillamente porque se modifica lo que al paciente le genera malestar. Así como nos explicamos sucesos sencillos de la vida cotidiana, hay teorías explicativas del comportamiento humano: lo que importa en psicoterapia es que la explicación provenga de investigaciones serias y controladas para que su aplicación sea efectiva. Más que preguntarnos por qué algo sucede, nos centramos en cómo ha de resolverse. La búsqueda de causas está regida por la utilidad que puedan proveer; el beneficio de un diagnóstico adecuado, por ejemplo, nos permite la utilización de técnicas y el diseño de tratamiento. La hipótesis y comprobación de qué sostiene un problema, si no hubiera diagnóstico psiquiátrico, nos habilita a intervenir efectivamente.
Cuando en verdad salimos de una situación problemática, el cambio ha de sostenerse en el tiempo, si el conflicto reaparece, ocurre que fracasó la terapia, que no fue la indicada, pero ¿tiene el tiempo que ver con esto? El ciclo vital de todos los sujetos está signado por situaciones que implican cambio, dolor, aceptación. Si no se limita la psicoterapia a una serie de objetivos, se torna eterna; también por eso es “breve”. Nadie desea un “bastón” humano de quien depender. Lo que hace el tiempo, una vez terminada la psicoterapia cognitivo conductual, es fomentar en el consultante la utilización de nuevas habilidades aprendidas y consolidadas (luego de la fase de tratamiento), es decir, se fomenta su autonomía; por eso si la terapia es breve y buena, es dos veces buena.
Es cierto que no puede darse al paciente garantías de una vida sin emociones de afecto negativo. Pero sí puede darse un pronóstico respecto de los motivos de consulta, si estos son reversibles, en qué grado, mediante qué técnicas. Cual fuere el motivo de consulta el pedido siempre es de solución; si hay frustraciones terapeúticas previas, o el sufrimiento es excesivo se nos solicita “alivio”. En ambos casos, se espera que la terapia sea efectiva, es decir, que el terapeuta se comprometa a informar el diagnóstico/pronóstico y a intervenir revirtiéndolo con transparencia. ¿Qué otro sentido podría tener un consulta psicológica? Parece una obviedad, sin embargo, estas expectativas razonables de los pacientes no siempre se cumplen, aún cuando hace a la responsabilidad y la ética profesional que así sea.
